viernes, 7 de octubre de 2011

Piloto "El bello mundo de Valkiria"

Capítulo 1

-¡Mira en que te has convertido! Todo el día estudiando. ¡Sal a divertirte!- me grita Lu, mi madre.

Yo, Valkiria Loto, no recordaba ya el día, a decir verdad el último día, en que mi madre me preguntó “¿Pasa algo, querida?”. Nunca hubo mucha comunicación, pero esa frase, tan pequeña, inocente y poderosa era suficiente para saber que, a pesar de “esos” días, yo estaba bien, viva.

Hoy día vuelvo al colegio. No quiero reencontrarme con ese. Solo 9 meses más, digo; puede que este año sea diferente, puede que este año lo expulsen. Pero ahí está…

-¡Valki! No te hemos visto en todas las vacas- me gritan a lo lejos Mariana, Azucena y Collete. De verás que extrañaba verlas. La cara redondeada de Mariana, siempre con su bolsa de doritos bajo el brazo; Azucena, al lado de su novio (y con una cola de chicos esperando a que les hable); finalmente Collete, el único que me comprendía, el único que sabía la verdad.

A pesar del notable grano en mi nariz, mis amigos me miraron buscando algún cambio, tal vez que quizá había crecido, pero solo atinaron a hablar de mi nuevo corte de cabello:

(si quieres, lo lees rápido)

Fui a la peluquería de la esquina a que me corten las puntas. El peluquero atinó a decir que tenía un corte que me quedaría perfecto. Confiada de sus habilidades con las tijeras, acepté el reto. Como siempre, agarro mi cabeza, paso mi pelo esponjado por sus dedos, y dijo que necesitaba una lavada (su expresión de asco es increíble). Enseguida, su asistente me llevó a una sala donde me lavó el cabello (no lo veía brillar desde hace mucho, siempre me he preguntado que shampoo usan en las peluquerías). El peluquero empezó a bajarme volumen a los lados, un corte por aquí, un corte por allá. Un rápido cambio de tijeras indicaba que algo no estaba bien. Enseguida su expresión cambio y sacó una máquina para cortar. Como si fuera una podadora, lo mucho que me había cortado fue destruido por la máquina, dejando solo cabello arriba y mi cola enrulada. Si, el desgraciado me hizo un mohicano.

Collete sabía que no había forma de que yo haya elegido hacerme aquello en la cabeza. Sabe lo mucho que amo mis rulos, al punto de haber pasado toda una tarde hablando de ellos. A pesar de aparentar alegría de verme con los demás, su expresión apagada no se podía ocultar. El sabía que volvería a pasarme, que aquel despiadado lo volvería a hacer. En ese instante en que lo noté, la realidad nos chocó. Fueron los cinco segundos más largos de mi vida. Solo me quería invitar un helado.

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Hoy vuelvo al colegio, que felicidad. Me reencontraré con ella. No he podido visitarla porque se amargó conmigo cuando se enteró que estaba saliendo con alguien. Si tan solo hubiera sabido que ese alguien era mi prima… pero mi orgullo pudo más. Ahora aquí estoy, a punto de volverla a ver.

Al llegar al colegio, me encuentro con Mariana y azucena. Mariana, siempre dulce, dispuesta a ofrecer su vida por salvarnos; Azucena, prototipo de femme fatale, demasiado preocupada en el qué dirán. Pocas veces nos juntamos, ya que tenemos diferentes círculos sociales, pero cuando lo hacemos, recordamos nuestra infancia, aquellos días en que solo importaba obtener un A en la asignatura de amarrarse los cordones. En eso entra el novio de Azucena, un ser despreciable que se la pasa golpeando a niños de preparatoria. Azucena solo está con el porque es popular, pero cada quien lleva su vida como quiere. Yo y Mariana nos damos una mirada de decepción al verlos, cuando en ese instante, aparece.

Al principio no lo creía, hasta que miré alrededor y vi que todos la miraban anonadados. No había forma de que aquello lo haya elegido ella, lo noté desde el principio. A pesar de ello, la amo con todo mí ser. Si lo se, no soy exactamente el galán de novela, pero le he gustado a un buen número de chicas.

Al darme cuenta que me he perdido, me uno rápidamente a las demás chicas. Le preguntamos por qué ha desaparecido todas las vacas (aún no entiendo por qué ellas lo hacen si apenas les importa), y la invito a salir el viernes a tomar helados. Sin embargo, creo que cometí un error. Ese día no me pertenece, tampoco a ella, ese día es una mierda. No debí hacerlo, me decía profundamente, pero ya estaba hecho. Solo busqué una manera de hacerle entender que lo comprendía, que siempre estaría allí, esperando después de… aquello. Seré su eterno confidente, la amo con todo mi corazón.

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Odio este día, quisiera dormir más. Tener que levantarme para sentirme agobiada, como si una estampida de cerdos salvajes fuera a por mí. No se si usar buzo, vestido, top, falda…no se de verás. Mejor ni me baño. Escucho la bocina del carro de mi novio. No debería ser mi novio, pero tengo una imagen que respetar. Mis amigos no me ven como descerebrada, pero se que me consideran la más bella del colegio.

- Por qué llegas tan tarde, amor. Hace media hora que te estoy esperando- le digo a este… ¿como se llamaba? En fin, guardaré mi amargura y seré como debo ser. Ahora si, con mi sonrisa de Barbie, voy a formar mi clásica cola de hombres. Solo uno nunca me sigue, mentira, solo uno nunca me hará caso. Al llegar, mi novio se va a saludar a sus amigos de preparatoria. Nunca entiendo por qué teniendo tantos amigos de nuestro año, busca a aquellos pequeños.

Ahí esta Mariana, la clásica gordita feliz que se lleva bien con todas. A pesar de que bajando de peso podría destronarme, no puede controlar sus instintos de animal salvaje y compra una bolsa de comida basura todas las mañanas ¡Y pensar que yo comía eso todas las tardes! ¡No!, esos tiempos cambiaron, tú eres bella, tú lo sabes, ellos lo saben.

Como siempre, le digo lo bella que está, hasta que viene él. Sucio, despreciable y solitario. Un ser desagradable a la vista, que aparenta haber tenido muchas mujeres en su vida. Un ser que sabe escuchar, que odio, que me ayuda cuando estoy mal, que detesto, que me cuida cuando me hacen sufrir, que amo. Si, a pesar de ello, esta encriptado en mi cabeza. Ni siquiera pude decirle hola, cuando en eso aparece Valki. No la detesto, pero tampoco la quiero. Siempre está cerca de Collete, y parece que son mejores amigos. Yo se que Valki no lo quiere como algo más, pero es inevitable sentirme mal al verlos. No entiendo como, teniendo a los chicos más geniales de la escuela a mi espalda, tengo que fijarme en este adefesio. Valki tiene mucha suerte de que siempre lo invite a salir (ya quisiera que mi novio siquiera me llevará a comer, lo único en lo que piensa siempre es en sexo, sexo y más sexo), pero esta ves noto algo extraño en ellos. Esas miradas serias y apagadas indican que algo está mal.

Tal vez ese día que Collete estaba afuera de la oficina del profesor de matemáticas, esperando a que salga Valki, no fue porque había jalado una práctica. Tal vez esas lágrimas eran de un sufrimiento mayor.

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-¡Madre, ya me voy!- le grito a una mujer que nunca me responderá. Ahí, en su cama eterna, se encuentra ella, conectada a cientos de tubos que casi ni me permiten verla. Siempre me repiten que no es mi culpa que ella esté así, pero yo se que en el fondo me odian por ello, me odian por haber nacido:

Mi madre, Isabel, era la mujer más acaudalada de mi pueblo. Un día, mi madre se enamoró terriblemente de un carpintero de la ciudad, con el que salía en secreto los viernes en las noches. Una de esas noches, mi madre quedó embarazada. A pesar de la gran fortuna que podría cubrir los gastos de mí ser bebe con facilidad, mi “padre" me abandonó apenas se enteró de la noticia. Así, mi madre y su familia nos cuidaron hasta que sea momento de que nazca. Un 14 de agosto de 1994, mi madre tuvo complicaciones. Nací por cesárea y al parecer mi madre no soportó. Quedó en estado vegetal y hoy, 16 años después, sigue aquí, a mi lado, haciéndome sentir la mierda que fui al nacer.

Si, soy un poco exagerada. Se que no es mi culpa, pero es inevitable pensar en ello. En fin, como siempre voy caminando a la escuela, paso por la tienda con los ojos húmedos de sentirme mal, y el señor Roberto, el que atiende, me regala una bolsa de doritos. Se que no debo comer esto, ya que estoy subida de peso, pero realmente me alivia. Un cigarrillo tampoco me vendría mal, pero estoy tratando de dejarlo. Esos documentales de Discovery Channel si son persuasivos. No quiero terminar así (aunque… desearía terminar de una vez con todo).

Llegando al colegio me encuentro con Azucena, esa chica tan linda. La considero mi mejor amiga, ya que siempre está ahí, apoyándome en todo. Tal ves sea mi única amiga, no me importa, con una me basta. También esta Valki, aunque ella ha cambiado mucho últimamente. Ya no sale con nosotras, se muestra siempre triste, llora sin decirnos que sucede y desaparece las tardes de los viernes. Siempre me he preguntado a donde va, tal vez la siga este viernes, aunque Collete acaba de decirle para ir a comer helados ese día. ¿Por qué sus caras cambian cuando dijo viernes? Yo solo se que nunca me toman en cuenta, y se que Azucena habla mal de mí cuando no estoy. No importa, yo soy fuerte, yo se cuidarme sola.

jueves, 23 de junio de 2011

Mentiras de la monotonía

El ichu en las pampas frías de Villa Quicha logra hacerla recordar aquella memoria olvidada, perdida, que la ciudad le despojó. Un trozo inviolable de sentimientos inmanejables y misteriosos manejan a la ahora adulta Samantha, antes Asiri, hacia un mundo de sueños alejados de cualquier ambición occidental.

Con un trencito de juguete camina por aquel descampado, buscando aquella roca donde el anka le prometió que escondería un tesoro.

-¿Pero es que ya no quieres caminar, sabiendo lo que recibirás?- grita con intensidad Asiri, sin entender lo que está haciendo. Había dejado a su esposo, sus hijos, solo para encontrar un recuerdo vago, fantasioso, que le habría dejado aquella águila dorada, de 10 metros con las alas extendidas, debajo de una roca.
-Ahora estoy aquí, sin poder mover esta roca -se dice, sentándose al frente de una gran roca con forma de cuchillo incrustado a la tierra. Algo místico rodea aquella roca. El aire ha cambiado, algo no anda bien.
-Veo que volviste, warma Asiri, recuerda tu misión, ya no es necesario sufrir.- Dice una voz apagada, que inspira aquel respeto que en tiempos actuales ya no se puede conseguir. Enseguida, Asiri se desploma y se une a la tierra.


"No debí irme, ahora todo tiene sentido" La tierra tiembla.

jueves, 20 de enero de 2011

Elegía de un consumista.

QUE CLICHÉ

La derecha te idiotiza.

La izquierda te asusta.

El centro te miente.

El comunismo te cohíbe.

El liberalismo te encadena.

El socialismo te esperanza.

El neoliberalismo "prospera".

El anarquismo es rebeldía.

El capitalismo te controla.

El sindicalismo te une.

El feminismo te da fuerza.

El machismo te ensucia.

El nacionalismo te traiciona.

El radicalismo te libera.

El fascismo te maneja.

La democracia te ilusiona.

El ecologismo te busca.

viernes, 7 de enero de 2011

Crónica de una vida escolar y carta corta a un Fray despiadado

Si pues, yo estudié en el Colegio San Agustín de Lima. Un colegio con una identidad deportiva (que la verdad nunca me intereso), de formación en valores cristianos y una disciplina activa. Pertenezco a una familia que por dos generaciones ha pertenecido a aquel plantel, tomando la decisión de ser inscritos sin vacilar. Ingresé en inicial, aún sin saber atarme los pasadores, a una sede en algún lugar de Monterrico .Mis padres orgullosos me llevaron a la sede de San Isidro, donde pasaría toda mi infancia, pubertad y parte de la adolescencia. A ese pedazo de terreno, donde veía imponente un gran coliseo, un patio gigante, algunas canchas y un territorio desconocido: los patios de secundaria. Conocí a la primera profesora que recuerdo tenerle cariño,Mary Roca, interesada siempre por todos sus alumnos, decidida a brindarnos una buena educación. No solo lo bueno se recuerda, en tercero me decían que peor profesora no me pudo tocar, Myriam, aquella mujer que finalmente se terminó volviendo mi amiga, a la cual algunos años después tuve el placer de pedirle que firme mi camisa. Llegado cuarto todo empezaba a cambiar, la disciplina era más fuerte, y las tareas se empezaban a complicar. Apareció aquella profesora, María Elena Polasek, hoy convertida en una traidora e hipócrita, a la que la recuerdo como una erudita en matemáticas, que no sabía cómo enseñarme a multiplicar. Llegado quinto las cosas cambiaron, empezaba a sentir el peso de la responsabilidad, por fin me interesaba pertenecer a alguna delegación (aunque no lo consiguiera), nuevos amigos, nuevas vivencias, nuevos juegos. Ya no eran dos grupos separados, niños y niñas, ahora éramos un todo. Recuerdo aún aquellos amigos, realmente amigos, a los que sigo viendo hasta estos días. A esos otros que se creían matones, que se burlaban de los demás, que los profesores los respetaban para no meterse en problemas, aquellos que hoy en día sus vidas no me importan…
Sexto fue la continuación de quinto, mucha diversión, el último año antes de ingresar a secundaria. Ese patio desconocido ya era mi terreno; corria, saltaba, caminaba, hablaba, ya era parte de él. Ése año sería el último en el que jugaría con plastilina, el último en el que jugaría chapadas, el último en el que podría darme el lujo de escribir con lápiz. Primero y segundo de secundaria me abrieron sus puertas, ya era grande, tenía otro uniforme, uno de chompa azul. Como experiencia personal, mis padres dejaron de plancharme las camisas, de forrarme cuadernos, de recogerme de la escuela, entre otros muchos cambios. Algunos de mis amigos se reían de que tuviera que hacerlo, otros no opinaban; yo solo atinaba a callar, en mi molestia. Esos años fueron los más felices, la presión era ligera, casi no tenía profesoras, solo profesores, y empezaba los cursos de ciencias. Luís Chavez, una leyenda humana me atrevo a decir, un profesor que le enseño a mis padre, y que incluso reprobó a dos de mis tíos, sería mi tutor. Tal vez no aprendí lo suficiente de él, debido a que no le tomaba atención, pero siempre le demostré un gran respeto. Ahora estaba de moda pertenecer a los equipos deportivos. Lástima que nunca me interesó ninguno, pero ¿Qué puedo decir? No abré destacado, pero tuve tiempo de formar verdaderos amigos. Tercero y cuarto fueron mágicos, empezaban los tiempos de quinceañeros, reuniones, salidas, etc.Conocí gente muy importante en mi vida nuevamente, algunos amores y hasta a mi mejor amiga. Estos eran los años donde mis padres me recordaban que los viviera al máximo, que no se repetirían. Aquellos profesores,Corita,Santacruz,Vidal,Lujan,Santos,Kike,Sandoval,Quijano,el magnifico Hernán Florez..Aquellos que prácticamente forzarían mi ingreso a la universidad. Aquellos que tuve la suerte de que hicieran gala de su sapiencia en quinto, junto con la picardía de aquellos asesores. Aquellos años donde finalizaría mi etapa escolar, esos buenos años.

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Hoy el panorama es diferente. Un buen día de Agosto del 2010, una noticia me desconcertó. El Padre director Senén Gonzales Martín había sido sustituido. En su lugar, ingresó el “Fray” Elías Neira, un personaje algo joven que no cumplía con los estándares de los directores de antaño.Correcto, un padre peruano. Qué buena noticia, el padre que volvió al colegio San Agustín de Chiclayo en una suerte de empresa con bachillerato, ahora arreglaría las cosas en Lima.
Yo quería ver esos cambios, me interesaba saber qué pasaría con el colegio. Mis primos y amigos me mantenían al tanto de que pasaba adentro, que nuevas había. Escuché que habían usurpado la oficina del director, que habían botado a algunos malos profesores, que el colegio estaba cambiando. Me parecía genial, al fin toda la lacra del colegio desaparecería.
No fue así. Lo que se hizo fue aplicar una administración despiada, que eliminara todo rastro de lo que alguna vez fue la identidad del colegio. No mas visitas libres, no más canchas gratuitas para exalumnos, no más conversaciones después de clases.”El colegio es para estudiar”, frase que lo excusa de sus acciones. No tengo conocimiento de sus verdaderas intenciones; sin embargo, puedo notar la insatisfacción del profesorado que alguna vez me enseñó, la molestia de muchos alumnos y ex alumnos que sienten que su colegio perdió su identidad. Este hombre ha dejado en la calle a muchos padres de familia que, aunque en muchos casos no merecían pertenecer al plantel, son queridos por los estudiantes. Me gustaría investigarte, Fray Elías, para saber cómo lo lograste. Como cambiaste todo un sistema basado simplemente en algo que funcionaba bien, como es la ética. Cómo te atreviste a subir la pensión del colegio a aquellas cantidades exorbitantes, sabiendo que muchos son becados, o pertenecen a estratos económicos bajos. Si quieres una empresa, puedes probar en otras áreas, pero no en una entidad como la nuestra. Esa lista de 34 profesores despedidos son el reflejo de tu tiranía, tus ansías de control. Si querías aplicar tus programas de desarrollo, debiste planearlo con tiempo, no eliminar todos tus obstáculos. Nuestro colegio forma personas, no máquinas.

Me siento inconforme, o debería decir nos sentimos, de la humillación que han sufrido nuestros profesores, a tal punto de hacerlos perder el control. Tuve la suerte de poder hablar con uno de ellos hace poco. Realmente usted ha cometido una falta grave, ya que yo creí que era un caso particular. Desarticuló un sistema que si fallaba, ese programa inútil llamado después del colegio; sin embargo, los implicados siguen ahí, “trabajando” sin escrúpulos. Algunos sí merecen ser expulsados, otros se entiende que se han acomodado al sistema para subsistir, incluso aquella acción me parece de lo más bajo.

Solo nos queda observar este nuevo año, en el que veremos el fruto de tu trabajo, ese tan anhelado bachillerato, cumplir esos grandes estándares internacionales, distinguirnos con nuestro nuevo logo y nuevo uniforme. La formación cristiana tal vez sea buena, te enseña a regular tus acciones; pero si no recibes una base de valores, eres uno más. Una maquina más que trabajará para ingresar a una universidad y producir dinero. Incentivarás a la exclusión social, al odio de tu alumnado y, sobretodo, al hostigamiento mental. Espero que tu plan falle, aunque sé que lo antiguo no se podrá recuperar. Buen año, director.

martes, 14 de diciembre de 2010

Un cuento de "terror"

Algo parecido a un cuento.

Un interesante aviso en el periódico anunciaba el trabajo.”Se solicita personal joven para trabajar en campaña navideña”. Era la oportunidad perfecta para aprender. El anuncio no hablaba de que clase de trabajo, ni requisitos, sólo presentarse en aquella calle de Aviación. Emprendió un viaje hacia aquella dirección, encontró la oficina y tocó el timbre.

-Buenas tardes, vengo por lo del anuncio – afirmó a la voz que provenía del intercomunicador.

-Oh, claro, en estos momentos no podemos atenderlo, el horario ha sido cambiado por un imprevisto. Pase a las 4 de nuevo-respondió la voz.

-No hay problema señorita, vuelvo en una hora-respondió, de buen modo, guardándose la ira que le producía perder tiempo.

La impaciencia lo invadía, necesitaba realizar alguna actividad. Fue a una juguería cercana a beber un jugo de naranja. El tiempo no ayudaba, solo quince minutos había pasado. Sacó su celular e hizo algunas llamadas. Terminó escuchando música en su reproductor portátil.

Era momento de retornar a la oficina. Sin embargo, ahora se encontraban una vasta cantidad de gente, con cara de encontrarse confundida y disgustada. La voz del intercomunicador se presento dando a conocer su nombre.

-Buenas tardes, soy Lourdes, disculpen la molestia-anunció. Mientras pronunciaba estas palabras, algunos se quejaban; otros, sumidos en su necesidad, esperaban impacientes a ingresar.

Unas escaleras lo conducían a lo que parecía un aula de colegio, algo pequeña, donde una pizarra se hacia notar. La mirada de él y los presentes la observaron anodados.Nadie entendía que clase de trabajo era; sin embargo, todos entendían los datos infrahumanos y presentes en la pizarra.

-Disculpe, ¿tiene algún conocimiento de en qué consiste el trabajo y si esas cifras son las reales?-Preguntó una joven de tés mestiza al interesado.-Pensaba que era un trabajo de medio tiempo-Dijo mirando a sus amigas, quienes hicieron una afirmación con su cabeza.

En ese momento Lourdes, ahora nerviosa y algo cohibida, observa al grupo y expone los datos de la pizarra. El grupo no lo puede creer. Los datos eran ciertos.

-…Como les comentaba, el trabajo consiste de vendedor durante veinte días. El horario es de diez a diez. Cuentan con una hora de “lunch” al mediodía y media hora de descanso a las seis. El pago es de trescientos cuarenta soles y si tienen hijos, cincuenta soles extra por cada uno- dijo la señorita, ahora confiada en sus palabras y observando la reacción del grupo.

Las miradas de las personas se transformaron en nostalgia, en especial la del joven interesado, quien solo levanto la mano.

-Señorita, este trabajo se aprovecha de la desesperación de la gente. ¿Le parece correcto ofrecernos este puesto, a gente que probablemente estudie o que tenga familia? Algunas de las personas presentes probablemente vienen de lejos, o han sacrificado otras oportunidades para acercarse aquí. Con la necesidad de un trabajo justo, que le permita mantenerse en una calidad de vida aceptable.-dijo indignado el interesado.

Las personas no mostraban alguna acción, sus miradas solo se posaban en el joven que había hablado. La mirada de Lourdes nuevamente se mostraba nerviosa. Simplemente no tenia palabras, no estaba preparada para una reacción asi.En ese instante, Lourdes dijo algo inesperado.

-B…Bueno...También tenemos puestos fijos para el siguiente mes, medio tiempo, el pago es un poco más y es por tres meses. Es en el área de almacén-dijo Lourdes, sintiéndose incapaz de poder controlar la situación. Definitivamente no estaba capacitada para aquella charla.

Algunos se pronunciaron, se retiraron y otros, como el interesado, solo observaban y pensaban. Él logró su objetivo. Consiguió forzar a la empresa a otorgarle un puesto levemente justo, que no solo él, sino todos los presentes buscaban. La gente estaba bien.

Me veo obligado a mostrar mi insatisfacción por este abuso total. A su vez, siento vergüenza de nuestra condición, que nos obliga a aceptar esta terrible situación a la que hemos llegado. La empresa nacional no funciona, dependemos del capital extranjero y la importación, ya que nos provee de productos y trabajo. La decencia se ha perdido, solo queda la desesperación. Tal vez tenía la opción de seguir buscando otro trabajo veraniego; sin embargo, ellos no. Por ello decidí actuar. Esperaba que me botaran, o que me respondieran de alguna forma inteligente, pero la reacción fue totalmente contraria. Me encontré con un ser humano confundido, con estudios, que sabía expresarse, pero sin respuestas. Incapacitada de demostrar que sabia lo que hacia.

Estas empresas que buscan gente normalmente son agencias que captan personal para luego ser enviados a trabajar en empresas mas grandes, como Ripley o Saga, como recomendados. No tengo conocimiento de si la ganancia es alta; sin embargo, comprendo que la gente enviada puede que no sea capacitada. Ellos solo seleccionan a los que consideran mejores, basándose en su currículo (muchas veces exagerados, como el mío por ejemplo), no importa si son desaquillibrados, eso ya es problema del contratante. Su personal no está capacitado para explicar los trabajos, solo siguen un texto y unas líneas que no ofrecen mayores detalles.

Respecto a las personas que asisten, en su mayoría son personas de estratos medios y bajos, mujeres y estudiantes, que buscan ganar un poco de dinero justamente. Al conversar con ellos, llegué a la conclusión de que buscaban un trabajo de ocho horas o medio tiempo si es posible, ganando sueldo mínimo o menos. No esperaban encontrar un trabajo de doce horas con tan pocas ventajas y con un sueldo tan ínfimo. Muchos dirán que la experiencia es también parte importante del empleo, pero ¿Realmente ser vendedor otorga gran experiencia? Es verdad que da mejor capacidad de relacionarse con otros; sin embargo, considero que con el alto nivel de estrés que produce trabajar doce horas, probablemente solo aprendan cómo amargarse la vida y liberarla con sus seres queridos. El sueldo que ofrecía esta empresa es una patada directa. No se puede vivir con esta cantidad. Tenemos que considerar en ese sueldo los pasajes, el almuerzo, el sandwichito intercomidas,alguna emergencia, u algún otro gasto extra que surja durante la jornada laboral, que prácticamente incluye todo el día. Vale también explicarle a estas empresas que la gente vive, esto lo digo porque el trabajo era de lunes a domingo. Son veinte días de trabajo sin descanso para trescientos cuarenta soles. Probablemente la ganancia final solo sea de cien soles, que a estas personas les servirán para comprarles regalos a sus familiares y amigos en navidad. Han sacrificado tiempo por esto. Estos no cuestionan el trabajo, lo aceptan porque no tienen otra opción. Necesitan un trabajo más justo, que ofrezca mayores oportunidades e incentivos, como premios por aumentar las ventas.

Ahora hablemos del plato fuerte. Las empresas contratantes. Éstas son en su mayoría capitales extranjeros que han visto una buena oportunidad en Perú. Estas nos han ayudado a “aumentar” el PBI y el índice de empleos, pero seamos sinceros. Las empresas no solo han visto una oportunidad para vender, sino una mano de obra desesperada, a la cual pueden explotar. La reconocida empresa Ripley paga a sus empleados en chile un promedio de mil dólares la jornada de ocho horas, sin incluir incentivos ni gratificaciones. El peruano gana seiscientos soles, todo incluido. Es una situación indignante pero cierta.Nisiquiera nombrar otras como Mcdonald, Starbucks,la ex peruana Wong y Metro, entre otras. La mayor parte de personas que entran en estos últimos son estudiantes, que aceptan el sueldo mínimo temporalmente, con el fin de recibir experiencia y algún dinero, sin embargo, hay independientes que se sustentan con este sueldo. La solución no está en retirarlas estas empresas del mercado peruano, y mucho menos nacionalizarlas, sinó en crear un organismo realmente regulador, funcional y totalmente incorruptible que obligue a cumplir una buena labor durante su periodo de actividad y que analice las leyes con el fin de que estas no aprovechen los vacios legales.

Hace poco la telefonía, en el área de internet, sufrió un cambio. Una serie de regularizaciones surgieron con el fin de ofrecer un mejor servicio hacia el público. Estas consistían en establecer multas que redujeran la velocidad de conexión a los usuarios que superaran los límites establecidos de transferencia de datos. La reacción del peruano fue inmediata. Se inició una lucha “virtual” para que se retractaran de aquella acción, haciendo recolección de firmas y mandando cartas al organismo regular, OSIPTEL, quien aún no se había pronunciado.Finalmente, esta regulación fue cancelada a medias, ya que a los usuarios que hayan adquirido el servicio después de julio del 2010 si se les penalizaría. Queda aún por ver qué estrategia usará para terminar aplicando esto a todos sus usuarios, tal como el caso de los contratos, en los que la persona solo estaba obligada a pagar el servicio de telefonía por seis meses y luego podían cambiarse de operadora. Su solución fue obligar al usuario a firmar un contrato por seis meses más.

Así como este,se ven muchas casos más de abusos cometidos por estas pseudo empleadoras progresistas, que a mi parecer hacen más daño que bien. Lo gracioso es que solo podemos aceptarlas permanecer sumisos a sus órdenes, o tal vez podamos darles una buena llamada de atención demostrándoles que también podemos manufacturar nuestro productos y dárselos. Todo depende de nuestra actitud.

martes, 7 de diciembre de 2010

Más juguetes

Juguetes

Cada cierto tiempo no se me ocurre mejor idea que revisar el inmenso arsenal de juguetes que aún conservo en una pecera donde solía tener mis hamsters.Lo increíble es cuando me acuerdo el uso que le di a cada objeto o donde los guardaba. Ahora compruebo la tan anticuada y odiada frase que siempre escuchaba de pequeño: “Al final, el juguete que menos costo tiene es el que más vas a usar”. Y si pues, solo con un muñeco lo comprobé, pues recuerdo los muy buenos momentos que pasé con unos Bionicles armables de McDonald (lamentablemente), en comparación con un Optimus Prime que se transforma en cinco formas, de las cuales dos nunca pude armar, debido a que las piezas desaparecieron el mismo día que lo recibí. No obstante, recuerdo haber deseado ese Optimus con todas mis fuerzas, presionarlo hasta que lo compre. No tengo la menor idea del precio, pero debido al tamaño puedo suponer que era de gran valor.
Ahora tengo juguetes que quizá debería regalar, pero ¿Para qué? Ya he tenido la oportunidad de regalar algunos personalmente; sin embargo, no he observado algún gesto de felicidad, alguna señal de que realmente lo vayan a disfrutar. Tal vez en su cabeza estén pensando que se los van a quitar, que no deben tenerlos o tal vez yo esté exagerando. Ahora solo me queda conservarlos y ,como hoy, limpiarlos y recordar. Al fin, tío Enrique, entiendo porqué también los conservaste.